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LA CULTURA CLÁSICA.-
“Homo homini lupus” es una alocución latina, muy usada actualmente, y que literalmente significa: “El hombre es un lobo para el hombre”. En origen, la frase aparece en la Asinaria de Plauto, aunque el texto completo es “Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit”, traducido textualmente: “Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro.” Precisamente la frase reducida fue popularizada por Hobbes. el filosofo inglés del XVIII que sentó el principio de que el egoísmo es básico en el comportamiento humano, aunque la sociedad intenta corregir tal comportamiento favoreciendo la convivencia.
Pero, si Plauto escribió aquello hace 2.200 años, y la misma frase es usada con pleno convencimiento y con notable frecuencia en la actualidad, ¿cabría pensar que el hombre ha sido, desde su creación y siempre un lobo para los hombres?
Porque, es ahora cuando nos quejamos de “deshumanización” de la sociedad. Ahora es cuando añoramos “otros tiempos” en que todo (el trato, la convivencia, el vecindario, el comercio, la empresa....) era “más humano”. Pero ¿era esto así? ¿Era antes más humana la vida?. ¿Y antes?, cuanto más nos remontáramos en el pasado, ¿sería más humana la existencia?. Y, si esto fuera así, ¿porqué ha sobrevivido dos mil años una afirmación tan terrible? ....el hombre es un lobo para el hombre. Frase que, siendo de uso común en nuestro tiempo, indica a las claras cómo está en la actualidad la situación social o, al menos, cuál es el concepto que el ser humano tiene de sí mismo, lo cual no favorece en absoluto la mejora de la convivencia.
Pero parece que no siempre fue así. Parece claro que, efectivamente, en la antigüedad clásica, una vez superadas las oscuras épocas de la edad de los metales, surge en el hombre, la intuición, el nebuloso concepto de su propia espiritualidad y de su poder creativo e intelectual. Con el nacimiento y la evolución, lenta pero inexorable, de la cultura griega primero, y la espectacular expansión de la cultura romana después, la intuición se convierte en certeza y se establece la conciencia de la propia identidad del ser humano y, en esa conciencia, se sientan las bases de la civilización que será la cuna de la democracia, las artes, la cultura, el deporte, el comercio, el culto al hombre, a la vida y a todas las expresiones humanas.
En ese tiempo quedan definidos los principios de la supremacía humana y la transformación de su medio a través de la expresión intelectual en todas sus formas. Y esa definición, afortunadamente, queda plasmada en las obras del hombre, producto de esa expresión intelectual: principios filosóficos, manifestaciones artísticas, avances científicos, logros deportivos, establecimiento de bases políticas, comerciales y sociales, y todas las formas de manifestación del potencial humano.
Ese capital humano quedó reflejado en los antiguos escritos, en los planos, en la obra escultórica, pictórica, arquitectónica, en los modos políticos y sociales que quedaron dormidos en el tiempo, sepultados, no destruidos, cuando el negro manto de la Edad Media cayó sobre la Humanidad.
La tenebrosa e interminable alta y baja edad media no pudo sofocar completamente la intelectualidad humana. El conocimiento se refugió en los conventos y se transmitió de boca en boca durante aquella oscura época, manteniendo los documentos de la cultura clásica celosamente custodiados hasta el resurgimiento de la luz, en la época conocida con el merecidísimo nombre de “el Renacimiento”...
Por mkesbien
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